Nunca es tarde si la dicha es buena

Esta semana, he tenido la triste y a su vez bonita y dura experiencia de despedir a un familiar y ser querido y poder acompañar a sus seres más cercanos.

En esos momentos en los que tan sólo quieres mandar paz a esa persona, optimismo a quienes le quieren, en esas horas de espera, de desesperación, de tristeza, de unión, me han pasado por la cabeza un sinfín de pensamientos de lo que realmente me importa en la vida, y de lo que quiero hacer con ella, y además de querer vivirla lo más cómoda, intensa y felizmente posible, lo que más feliz me hace es hacerle la vida un poco más fácil a los demás, y sobre todo a quienes tengo cerca y a veces por confianza, peor trato.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Es un refrán que indica que lo bueno es siempre bien recibido, que nunca es tarde para llevar a cabo algo útil y beneficioso, que cualquier momento es bueno para emprender aquello que vaya a aportarnos algún placer o mejora.

Así que ¿por qué pensar? “esto no lo voy a hacer porque me da vergüenza” o “esto no lo voy a decir porque cae mi orgullo”, o “esto lo haré dentro de unos meses que me da ahora mucha pereza”… Dilo, hazlo y no vivas en el futuro, disfrútalo ahora en el presente, seguro que eres mucho más feliz.

Vivimos en época de crisis, crisis económica en la que para algunos, los tiempos están siendo menos fáciles, con preocupaciones y familias que mantener, para otros, sus preocupaciones siguen siendo cómo controlar que la velocidad en la conducción de la población disminuya diez kilómetros hora para ahorrar en costes absurdos, perder unos kilos de más, cómo mezclar los tintes de mechas para que el color de su pelo no sea un amarillo pastel, y para mí que gracias a Dios me acabo de comer un centollo, una chuleta con patatas y he merendado un chocolate con churros, mi preocupación entre otras miles, es, cómo llegar a esos corazones heridos. El empleo llegará, y habla una desempleada sin más remedio actualmente mantenida, pero hay otras cosas que se van y no volverán nunca, y son las personas, así que como tenemos la suerte de tener ojos, boca, y corazón, yo ya he empezado a decir a los míos lo que siento y a quien no le guste como somos, que se vaya a Burgos y se compre unas morcillas, osea coloquialmente “que les den morcilla”.

Después de un tiempo aprendes un montón de cosas y cuando se van personas que quieres, aprendes el doble. Os dejo con este poema de Borges que tanto he escuchado y leído a lo largo de los años y que espero poder seguir haciendo.

Nunca es tarde si la dicha es buena, porque, desafortunadamente, sólo te das cuenta de las cosas con el tiempo.

Dedicado a mi tío Jaime.

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